domingo, 27 de octubre de 2013

No encontré una amiga, encontré una hermana.


Mi amiga, la única que con el tiempo se convirtió en más que eso, se convirtió en mi familia, se convirtió en mi madre, hermana, hija y compañera.  Y sé que ella siempre estará cuando más la necesite.

Sé que ella no es la mujer maravilla, pero a mí me hace sentir protegido. Es una compañera fiel a mis secretos, a mis locuras y a todo lo que me pasa sea bueno o malo. Ella me alegra en los momentos más tristes y hace que mi día nublado sea un día cálido y soleado. Sé que hay gente que no la quiere siempre la hay pero ella para mí es la mejor persona del mundo. Yo sé que ella no cree lo mismo de mí, al contrario ella piensa que soy raro, pero así la quiero. Compartimos casi todo juntos, desde escuchar música por las mañanas, hasta pelearnos sin razón.
Una persona de la que he aprendido tanto, tantas experiencias tantas sonrisas y locuras.

Explicar millones de alegrías, como la experiencia de correr y seguirla a ella entre clases, ya que ella no camina, ella prácticamente corre de clase en clase. Experiencia de soledad, mostrada cuando cada sábado, por lo general en la noche, la llamo sin razón, solo para molestarla, decirle que “Ola k ase”, molestarla más, preguntarle por tarea,  luego aburrirme y de pronto decirle: me voy, adiós.
Jamás olvidaré todas esas alegrías a su lado, como ir a su casa y molestar junto con Mynor, otra persona que sin duda ha sido de gran influencia para mí; no podré olvidar nunca el abrazo que terminó en un choque, fue para la ceremonia de NHS, ella corrió hacia Guadalupe y no sé por qué, pero yo me interpuse entre las dos junto al momento de  abrazarse y prácticamente rebotaron. Todos quedaron con cara “¿y a esos qué les pasa?.

Jamás había compartido con alguien así como lo he hecho con ella. Recuerdos hermosos como el de botarla cuando intentó patearme, y que ella aprendiera que no debía patear así a las personas; la pelea para la escuela para padres entre mi mamá y su papá, solo porque el papá de Fátima había hecho trampa. Escuchar música por las mañanas y bailar. Experiencia de las chamuscas. Decirle que es shuma siempre. El bingo otra experiencia maravillosa en la que todos emocionados jugábamos incluso con 10 cartones a la vez, la fiesta de cuarto para quinto. El sentimiento de despeinarla cada mañana y decirle que se ve guapa. Introducirla al mundo de los blogueros de Youtube y luego molestarla con la frase “Buena, buenas, buenas, gente nativo americana ¿cómo estaaaaaaaaaán?” y decir al mismo tiempo: “Shumos”. 



En fin tantas experiencias y recuerdos que tengo en mente que serían imposibles de explicar. Tengo ese sentimiento hermoso de que algún día podré decir, ella fue mi amiga, pero más que eso, ella fue mi hermana de la que aprendí mucho, y la que sin duda alguna, ha sido una de mis mejores amigas.

Fátima si lees esto, solo te quiero decir que gracias por todo lo que me has enseñado y por todas las alegrías que me has brindado, gracias por tu amistad y te quiero mucho, sos como mi hermana, jamás te voy a olvidar. 

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